sábado, 21 de junio de 2014

Atlas, un Titán doblegado por el peso del mundo.

Atlas pertenece a una generación anterior a la de los Olímpicos, generación de «seres monstruosos y desmedidos» que tomó la decisión de disputar a los dioses su poder sobre el mundo. Hesíodo nombró a doce titanes, como doce son los dioses del Olimpo. Los titanes se apoderan del mundo gracias a Cronos y reinaron hasta que fue destronado por su hijo Zeus. Pero la guerra, la Titanomaquia, duró diez años, hasta que los Olímpicos acaban por precipitar a sus enemigos en el Tártaro. No olvidemos que, en esa historia, los titanes serán asimismo castigados por querer dar a los hombres –una raza que ellos mismos formaron–, algo que los dioses deseaban guardar en privilegio.

Este es Atlas, ser «sin medida», condenado a la inmovilidad supliciante de una labor que consiste en llevar a hombros el eje del mundo y toda la bóveda celeste. «Bajo una potente coerción, en los límites del mundo, frente a las Hespérides de sonoro canto, sostiene el vasto Cielo, en pie, con cabeza y brazos infatigables: es la suerte que le ha impartido el prudente Zeus», tal y como escribía Hesíodo en su Teogonía. Al igual que escribirá después Ovidio en Las Metamorfosis: «He aquí a Atlas que sufre y apenas puede sostener sobre sus hombros el eje del mundo». Pero ¿por qué se le castiga así? Higino responde que por haber «tratado de ascender al cielo», Atlas se halla justamente ahora –y hasta el fin de los tiempos– «sosteniendo el cielo». Sin duda cabría observar que, ¿acaso no padece Atlas un castigo que, bien mirado, no es sino la actualización de su fuerza titánica, esa que durante siglos le convierte en una personificación del pivote –eje y soporte– del mundo entero?.

En griego, la palabra atlas (tlaô), que significa «portar», «soportar». Pero portar no es algo sencillo. Portar sólo es posible mediante el encuentro de dos vectores antagonistas, la pesadez por un lado, la fuerza muscular por el otro. Portar manifiesta, pues, la potencia del portador y, asimismo, el sufrimiento que aguanta bajo el peso que lleva. Portar es un acto de valor, de fuerza, y también de resignación, de fuerza oprimida: son los vencidos, los esclavos, los que más intensamente sienten el peso de lo que portan.

Tal sería la gran lección de este mito: un castigo transformado en saber inmenso, un exilio transformado en territorio de abundancia, y aun de placeres dionisiacos. Atlas, guerrero vencido, obligado a inmovilizar su potencia, héroe desdichado y oprimido por el peso de su pena, acaba siendo algo inmenso y moviente, fecundo y rico en enseñanzas. Constituye una lucha con algo que pesa y sobresale por encima de él, y adopta por ello todas las trazas del destino, sobre los hombros del cual deberá entonces, literalmente, combatir con el tiempo, padecer sus embates incesantes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario